Esbozos
El olor a
canela en la leche hirviendo inunda el aire de toda la casa. El dulzor atrapa
los sentidos. No es preciso estar en la cocina para dibujarla al detalle. Los
aromas que de allí salen son la paleta de colores necesarios para bosquejar el
cuadro.
Los azulejos lloran
el vaho de la emulsión.
Al fondo, veo
a mi madre remangada, añadiendo azúcar a la leche y piel de limón en el aceite
caliente, campos de limoneros en flor invaden ahora todas las habitaciones. Mi
paladar saborea cada ingrediente.
La campana se
une a la sinfonía deleitándose de respirar los suaves bálsamos. Y la ventana
abierta de par en par, generosa de ofrecer los vapores de aquellos fogones.
La harina ya
está tostada, inconfundible esencia de trigo seco sobre el fuego. Esa es la
señal. Bajo hasta la cocina y cuencos de gachas espolvoreados de azúcar y
canela adornan el centro de la mesa.
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