domingo, 22 de abril de 2018



Esbozos


El olor a canela en la leche hirviendo inunda el aire de toda la casa. El dulzor atrapa los sentidos. No es preciso estar en la cocina para dibujarla al detalle. Los aromas que de allí salen son la paleta de colores necesarios para bosquejar el cuadro.

Los azulejos lloran el vaho de la emulsión.

Al fondo, veo a mi madre remangada, añadiendo azúcar a la leche y piel de limón en el aceite caliente, campos de limoneros en flor invaden ahora todas las habitaciones. Mi paladar saborea cada ingrediente.

La campana se une a la sinfonía deleitándose de respirar los suaves bálsamos. Y la ventana abierta de par en par, generosa de ofrecer los vapores de aquellos fogones.

La harina ya está tostada, inconfundible esencia de trigo seco sobre el fuego. Esa es la señal. Bajo hasta la cocina y cuencos de gachas espolvoreados de azúcar y canela adornan el centro de la mesa.



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