Navaja
en prosa
Dos edificios
enfrentados. En los dos hay diez pisos, y en los dos hay un piso derecha, y
otro izquierda. Son iguales, por lo tanto. Un día al año, los vecinos de un
edificio viven en el piso equivalente del edificio de enfrente. Se cambian. El
vecino del quinto derecha vive en el quinto derecha que todos los días ve desde
su ventana. Un día al año las vidas pasan a las otras vidas. Pueden vivir como
quieran, y lo que quieran. Al finalizar el día, todos se preguntan: cuánto nos
hemos cortado. Cuántos cortes nuevos tenemos, o teníamos. Qué cabida exacta
volvemos a tener.
CAÑIZARES MATA, J.: Navajazo, Sístola Poesía, Sevilla, 2017, p.32
Requiem
aeternam
“Los muertos nunca están muertos
del todo, ni los vivos, vivos del todo.”
Agustín Fdez. Mallo
Dos lápidas enfrentadas. En las dos hay dos muertes
separadas, dos muertes desconocidas entre ellas. Una hilera de flores mustias,
gastadas por el sol angustioso del verano o por las inmensas lluvias del
invierno, las une. Desde hace un año, todos los viernes aquellas dos almas encontradas
cruzan el muro y se intercambian el nicho, se hospedan en la muerte del
contrario. Juegan a burlar las visitas de los fines de semana. Hacen un guiño a
la monotonía oscura en la que habitan. Y al finalizar el día, agotadas por
llevar el óbito de otro vuelven cruzando los pétalos ahora frescos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario