domingo, 22 de abril de 2018


Navaja en prosa

Dos edificios enfrentados. En los dos hay diez pisos, y en los dos hay un piso derecha, y otro izquierda. Son iguales, por lo tanto. Un día al año, los vecinos de un edificio viven en el piso equivalente del edificio de enfrente. Se cambian. El vecino del quinto derecha vive en el quinto derecha que todos los días ve desde su ventana. Un día al año las vidas pasan a las otras vidas. Pueden vivir como quieran, y lo que quieran. Al finalizar el día, todos se preguntan: cuánto nos hemos cortado. Cuántos cortes nuevos tenemos, o teníamos. Qué cabida exacta volvemos a tener.


    CAÑIZARES MATA, J.: Navajazo, Sístola Poesía, Sevilla, 2017, p.32



Requiem aeternam

“Los muertos nunca están muertos del todo, ni los vivos, vivos del todo.”
Agustín Fdez. Mallo

Dos lápidas enfrentadas. En las dos hay dos muertes separadas, dos muertes desconocidas entre ellas. Una hilera de flores mustias, gastadas por el sol angustioso del verano o por las inmensas lluvias del invierno, las une. Desde hace un año, todos los viernes aquellas dos almas encontradas cruzan el muro y se intercambian el nicho, se hospedan en la muerte del contrario. Juegan a burlar las visitas de los fines de semana. Hacen un guiño a la monotonía oscura en la que habitan. Y al finalizar el día, agotadas por llevar el óbito de otro vuelven cruzando los pétalos ahora frescos.


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