domingo, 22 de abril de 2018


Estallido de sabor


Verena sale de su hotel con la cámara al hombro y un plano en la mano. Pasea por la calle de El Realejo abajo. Su ruta es llegar a María Auxiliadora. Cruza San Lorenzo y fotografía el rosetón de la iglesia. Va recogiendo instantáneas a cada rincón asombroso que le sale al encuentro. Pocos pasos le quedan para llegar al punto señalado en el mapa. Y allí está, frente a esa fachada de buganvillas granates y esas rejas que la invitan a asomarse.  Entra tímida y absorbe la fragancia a bodega que desprende. Queda fascinada ante el patio enraizado de columnas y flores. Su mirada es ahora la que retrata cada rincón. Retiene en su retina cada detalle que le ofrece aquel lugar antiguo.  Se rodea adivinando la historia que la taberna encierra en sus barriles.
Con su acento alemán pide una copa de oloroso. Entre sus manos contempla al trasluz el ámbar cuidado de unos jugos sabrosos. A cada inclinación que hace del catavino, queda llorando el líquido dorado, resbalando por el fino vidrio. Perfuma sus sentidos con la esencia del caldo. Y suavemente lleva a sus labios el néctar antiguo de la uva, ambrosía de un silencio derramado en su boca, exquisita gravedad en un sorbo de elegidas gotas. Ese justo momento solo podrá guardarlo en sus sentidos, no hay fotografía que encierre aquella única y nueva sacudida de estallido de sabor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario